TRADUCCIÓN Y TRADICIÓN REINTERPRETADAS POR LA LENGUA

Por Farid Gabteni

 

بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَنِ الرَّحِيمِ
رَبِّ اشْرَحْ لِي صَدْرِي وَيَسِّرْ لِي أَمْرِي وَاحْلُلْ عُقْدَةً مِنْ لِسَانِي يَفْقَهُوا قَوْلِي؛
رَبِّ أَدْخِلْنِي مُدْخَلَ صِدْقٍ وَأَخْرِجْنِي مُخْرَجَ صِدْقٍ وَاجْعَلْ لِي مِنْ لَدُنْكَ سُلْطَانًا نَصِيرًا
En Nombre de Dios, El Origen, El Acomodaticio
¡Dios, mi Señor! Alivia para mí mi pecho y Facilita para mí mi ordenanza, y Desata un nudo de mi lengua para que entiendan mi dicho.
¡Dios, mi Señor! Hazme Acceder a un verdadero ascenso, y Hazme Emerger a una ascensión verdadera; y Forma para mí, de Tu Parte, una autoridad socorredora.

 

Para responder a todos aquellos que aún se preguntan acerca de mi traducción del Corán, he decidido presentar esta conferencia, que he titulado:
Traducción y tradición reinterpretadas por la lengua
Existen más de 120 traducciones del Corán al francés, siendo la más antigua de 1647.
Cada una de ellas tiene una importancia desigual por su fama, su difusión y su seriedad, presentando cada una de ellas características propias y, por tanto, un interés particular.
Pero toda traducción, sin importar cuál sea la lengua, es un reflejo que permite una percepción más o menos relativa del texto original. En cualquier caso, no es un equivalente lingüístico absoluto.
Ninguna de las traducciones del Corán se escapa a este hecho, aunque seguro que sus autores hicieron todo lo posible con los medios que disponían.
A esto se añade que muchos traductores musulmanes no pueden prescindir de los relatos y los comentarios recogidos en las antiguas obras de exégesis, las cuales les han influido en un sentido u otro.
En cuanto a los traductores no musulmanes, en mayor o menor medida, son incapaces de librarse totalmente de sus prejuicios e ideas preconcebidas.
Estos dos casos en concreto obstaculizan un poco, si no más, el campo necesario para un tratamiento semiolingüístico, que debe ser lo más objetivo y científico posible.
Esto es necesario para obtener una reproducibilidad óptima del Corán en la lengua francesa y/o en cualquier otra lengua.
La principal dificultad con la que se tropieza el investigador radica en el propio Corán, que en algunos puntos se presenta deliberadamente como críptico o con doble sentido.
El hecho de la utilización de palabras con más de un significado obliga al investigador que lo estudia a examinar, analizar, descifrar y descodificar; todo ello con la esperanza de lograr la «prima explicación»[1].
Por «prima explicación»[2], entiendo la comprensión de la esencia y del sentido original del discurso. Al parecer, en el texto original coexisten numerosos niveles de lectura que son complementarios.
La exposición coránica es simple y compleja a la vez, rica y multidimensional, y exige un examen minucioso y adecuado.
En el verso 44 del capítulo 41 leemos:
“وَلَوْ جَعَلْنَاهُ قُرْآنًا أَعْجَمِيًّا لَقَالُوا لَوْلَا فُصِّلَتْ آيَاتُهُ أَأَعْجَمِيٌّ وَعَرَبِيٌّ قُلْ هُوَ لِلَّذِينَ آمَنُوا هُدًى وَشِفَاءٌ وَالَّذِينَ لَا يُؤْمِنُونَ فِي آذَانِهِمْ وَقْرٌ وَهُوَ عَلَيْهِمْ عَمًى أُولَئِكَ يُنَادَوْنَ مِنْ مَكَانٍ بَعِيدٍ۬
«Y si lo hubiéramos Formado un Corán codificador (críptico), ciertamente habrían dicho: “Si habían detallado sus signos (versos), ¿es codificador y franco (árabe)?” Di: “Él es para aquellos que han asegurado (creído) una guía y una curación”, y aquellos que no aseguran (no creen), hay sordera en sus oídos y es ceguera para ellos; esos son llamados desde un lugar muy lejano»
Lo que explica, al menos en gran medida, la dificultad que tienen los traductores para retransmitir en consonancia el texto del Corán, de forma literal y de la manera más rigurosa posible; es el recurso sistemático y casi automático de un gran número de estos traductores a los exégetas y la interpretación de sus comentarios, que no cuentan con más legitimidad que la de estar institucionalizados por el tradicionalismo, y que se relacionan mucho más con el «socio-teologismo» que con la lingüística.
En este momento cabe precisar que los extremistas, que se encuentran entre los tradicionalistas, consideran que es ilícito traducir el Corán literalmente, letra a letra.
Con el pretexto de que eso supondría un riesgo que conduciría a la sacralización del texto traducido, en detrimento del texto original en árabe que sería abandonado.
Ustedes podrían decirme: «¡Eso es absurdo!» Estoy de acuerdo, pero es con este tipo de pretexto, y no digo argumento, con el que justifican su postura.
En este sentido, y para evitar cualquier posible controversia, se suele incluir la mención “traducción del significado de sus versos” al principio de las ediciones de las traducciones del Corán.
«Traducción del significado de sus versos» equivale a «traducción aproximada y general». Al menos es honesta, porque es cierto que no se trata, en ningún caso, de traducciones fieles de sus versos.
De manera más adecuada, exacta y honesta, deberían mencionar: «traducción del sentido de sus versos conforme al tradicionalismo ideológico».
Ya he explicado lo que entiendo por «prima explicación»[3]: la comprensión de la esencia y del sentido original de un discurso, incluso si dicho discurso no contiene más que una palabra.
Por tanto, cuando hemos perdido y/u olvidado la «prima explicación»[4] de un texto, ¿cómo podemos traducir eso que solo comprendemos parcial, o falsa o solamente a través de otros? El Corán es explícito, si bien hace falta entenderlo correctamente.
En mi caso, no pretendo haber alcanzado la perfección metodológica en absoluto, e incluso me planteo revisar muchas de mis traducciones.
Estoy convencido de que harían falta muchas vidas y el dominio de muchas disciplinas para poder traducir correctamente y de manera fiel la totalidad del Corán por mí mismo.
Solo una comisión más amplia, objetiva y científicamente cualificada podría prever la realización de tal proeza.
Algo que todavía no es el caso, puesto que jamás se ha creado hasta la fecha una comisión con un nivel tan exigente y elevado.
Por tanto, me he esforzado en traducir los versos que aparecen citados en mis obras, aplicando un enfoque multidisciplinar y un análisis léxico-semántico de la lengua coránica, en busca de la conformidad más cercana del francés con el árabe.
Aunque esto contravenga la práctica habitual de la lengua francesa:
1 – He adaptado las reglas árabes habituales de construcción de las frases a la estructura de los versos.
2 – He respetado al máximo los tiempos de conjugación de los verbos.
3 – He aplicado la práctica coránica que permite, en determinados casos, el paso del singular al plural.
En efecto, en mi opinión, estas derogaciones de las reglas gramaticales de la lengua francesa permiten una mayor fidelidad y una accesibilidad inédita al texto original, y todo ello sin apenas comprometer la comprensión de la traducción.
La investigación impulsada, con un regreso matemático al semantismo de las palabras de los siglos VI y VII, ha permitido, a veces, volver a encontrar el significado olvidado de algunas palabras.
Olvidado por el uso frecuente que, con el transcurso del tiempo y con frecuencia en la lengua, restringe el significado de las palabras y, a la inversa, hace que este significado sea más amplio; de ahí el interés de la etimología.
De este modo ha sido posible una comprensión más adecuada de algunos versos. Esta comprensión es el resultado de la idea inicial de retransmitir, en lengua francesa y de la manera más exacta posible, el significado original de cada una de las palabras de los versos.
Además, como ya he dicho, si bien ninguna traducción puede aspirar a reproducir a la perfección la lengua de origen, la diferencia que procede de mi lectura analítica del Corán no escapará ni al lector ni al oyente políglota.
De hecho, en varias ocasiones, tendrá la impresión de estar siguiendo palabra por palabra, al menos aproximadamente, el texto árabe del Corán.
El Corán es rico en modos de redacción y en expresiones que le son propios y trascienden la lengua árabe. Son unas de las características que lo hacen único y le confieren un estilo rítmico, extraordinario e incomparable.
Esta originalidad de la expresión se refleja naturalmente en mi traducción al francés; una vez más, esto se debe a mi persistencia en traducir el texto de origen con la mayor fidelidad posible.
Para este trabajo he recurrido al francés antiguo, clásico y moderno; también he empleado la neología, de forma excepcional y cada vez que lo he considerado necesario.
El resultado de este conjunto de procedimientos que he empleado permite que el lector y el oyente francófono se acerquen al Corán completamente de una forma decididamente innovadora.
Y, por eso mismo, da lugar a una nueva intelección, sensible a la traducción, más adecuada y elocuente que la que tenían antes a través del sesgo de las traducciones habituales; al precio, es cierto, de hacer a veces un esfuerzo de reflexión.
Este trabajo resultará de una utilidad significativa para el especialista políglota; le ayudará a medir la influencia abusiva de siglos de exégesis tradicionalista.
Todavía le será más evidente cuando examine las palabras árabes utilizadas en el texto coránico, con un análisis riguroso, lingüístico, semántico y etimológico, incluidas las lenguas camítico-semíticas, y no simplemente el árabe del siglo VIII, del siglo VII o, incluso, del siglo VI.
Sin embargo, como resultado de esta intención permanente de rigor y exactitud, la traducción se ha debido realizar, a veces, a expensas de la sintaxis y de la expresión literaria; no puedo negarlo.
Esto ha tenido como consecuencia que la comprensión de determinados versos sea más ardua, al menos al principio.
Basta con volver a leerlos y observar la construcción, la articulación y la puntuación de la frase y de establecer el vínculo con lo que la precede y/o la sigue.
Cuando ha sido necesario, he optado por arabizar el francés y no a la inversa, para sumergir al lector u oyente francófono en el corazón de la lengua coránica, para que se imbuya del sentido aparente y escondido del verso.
Mi prioridad no ha sido traducir únicamente el enunciado vehiculado por el verso, sino también su contenido profundo y sus múltiples niveles de comprensión.
En resumen, no se trata de una traducción literaria, sino de una traducción técnica de la lengua de origen a la lengua de destino, cuyo objetivo es plasmar la mejor concordancia posible entre el árabe coránico y el francés.
En conclusión, recomendaría de manera útil a los estudiantes e investigadores que en el estudio de mis traducciones examinen los diccionarios antiguos y modernos de la lengua francesa, relativos a la etimología, la lexicografía y la sinonimia; creo que el CNRTL[5] es una buena herramienta para este trabajo.
Del mismo modo que recomiendo a los políglotas que examinen los diccionarios antiguos de la lengua árabe, معجم العين ولسان العرب. Estos, entre otros.
En este sentido, recuerdo que un arabófono especializado en lingüística, en la exégesis o en cualquier otra disciplina relacionada con el estudio del Corán, no puede aumentar sus conocimientos y su dominio en el tema sin realizar un examen verdaderamente crítico y honesto de sus referencias.
Esto que es cierto para el arabófono lo es todavía más para aquel que no conoce la lengua de la Revelación; en este caso, el francófono, cuyas referencias al Corán y al islam son todas o casi todas las que ha tomado de la divulgación tradicionalista y/o de las ideas preconcebidas, vehiculadas por pseudoespecialistas visceralmente islamófobos.
Esto es todo lo que puedo decir, al menos en esta etapa de mi ensayo sobre la traducción del Corán.
Ahora les voy a presentar algunos ejemplos para ilustrar y argumentar mi exposición:
1 – En lengua árabe, la palabra «aΣraba» / أعرب, de la raíz Σ-R-B / ع ر ب, significa «hablar abiertamente, con total claridad, con franqueza».
La palabra «aΣjami» / أعجمي, por su parte, de la raíz Σ-J-M / ع ج م, significa «hablar de forma ininteligible, hermética, codificada».
عربي / «Σarabi» / «claro, franco» es, por lo tanto, el antónimo de أعجمي / «aΣjami» / «hermético, codificado».
Dicho de otro modo, «Σarabi» / عربي indica una expresión, una lengua, un discurso claro, franco, mientras que «aΣjami» / أعجمي indica una expresión, una lengua, un discurso hermético, codificado, que debe aclararse para poder ser comprendido.
La revelación del Corán fue en árabe, esto es, en una lengua franca; no se trata de una lengua vinculada intrínsecamente a una etnia.
En cuanto a la lengua franca, existe una equivalencia semántica entre los términos إعراب / «iΣrâb» / «árabe» y «franco».
El sentido habitual de los dos términos es: «que se expresa abiertamente, sin artificio ni reticencia».
Por tanto, pueden comprender que este significado es el mismo para designar a la lengua francesa o a la lengua árabe.
2 – En lengua árabe, las palabras «mundo» y «sabio» / عالم وعالم / «Σâlam» y «Σâlim» tienen la misma raíz (Σ-L-M / ع ل م), que da primero la palabra «Σilm» / علم / «ciencia, saber, conocimiento».
El mundo está íntimamente relacionado con el saber, con el conocimiento objetivo que se tiene de él; no existe más que a través de esta información primordial.
El mundo real no puede percibirse más que por medio del conocimiento científico; toda escapatoria es subjetiva, lo que da lugar a los mitos y leyendas, sinónimos de fetichismo y de superstición.
Por ello los antiguos, salvo excepciones, concibieron mundos fabulosos e imaginarios de manera especulativa, sin verdaderos fundamentos científicos.
Sin embargo, tenían la intuición de que el mundo tenía un sentido y una razón de ser.
Esta intuición se aumentaba por un nivel innato y adquirido de conciencia de sí mismos y del mundo exterior.
Este nivel de consciencia es único en los seres humanos, al menos por lo que sabemos.
Y es este hecho el que se encuentra en el origen de la investigación científica y de sus resultados, que vemos en nuestros días y todos los días.
3 – Etimológicamente, en lengua árabe, el islam / «al-islâm» / الإسلام, de la raíz S-L-M / س ل م que da primero la palabra «silm» / سلم / «paz», significa «la Pacificación»: la acción de pacificar, de establecer, restablecer y mantener la paz; la acción de rendirse suficiente, plena y enteramente en paz a Dios.
El islam es la activación de la paz «al-silm», «al-salâm» / السّلم السّلام: aquel que se rinde a Dios se pacifica / «yuslim» / يسلم, pone fin a los trastornos de su espíritu, los movimientos de rebeldía en él y alrededor de él; es pacificado, musulmán / «muslim» / مسلم, y pacifista / «mussâlim» / مسالم.
Aspira a la quietud, a la seguridad y a la tranquilidad, no es partidario ni está en problemas o en rebeldía; como consecuencia, cobra un corazón apacible / «salîm» / سليم, sano y santo, salud y santidad, en paz con Dios y Su Creación.
4 – En lengua árabe, la palabra «religión» / «dîn» / دين  expresa el sentido de aproximación, de obligación, de deber y de deuda, es decir, es el crédito[6] debido a Dios; por consecuencia, traduzco «religión» por «crédito»[7].
5 – En lengua árabe, las palabras «garantía» y «fe» / «amn» e «îmân» / أمن وإيمان tienen la misma raíz (A-M-N / أ م ن), que da primero la palabra «amn» / أمن / «garantía, protección, seguridad».
En la lengua coránica, la fe se adquiere por el saber, asegurándose y asegurando; es mucho más que una creencia vaga y relativa.
Dios Es Evidente, racionalmente, solo se puede dar testimonio de ello, y el testimonio debe hacerse con conocimiento de causa, con plena ciencia y conciencia.
«El creyente», que yo traduzco por «el asegurador», se asegura y se tranquiliza, instruyéndose del Hecho de Dios; así es como se vuelve tranquilizado y tranquilizador, asegurado y asegurador, «mu’min» / مؤمن.
6 – En lengua árabe, la palabra «al-ṣalâ» / الصّلا  permite designar a la parte medio de la espalda, o la caída de un riñón o la mirada entre la nalga y la cola (residual en algunas especies) o, incluso, aquello que está a derecha e izquierda de dicha cola.
En una carrera de caballos, la palabra «al-muṣallî» / المصلّي, de la misma raíz, designa y califica al segundo en el que, con la cabeza, se une y sigue a las espaldas, al centro del primero.
Siempre de la misma raíz, la palabra «al-ṣalât» / الصّلاة  significa la acción de articular por medio de la unión[8], de ensamblar íntimamente el siguiente elemento, acontecimiento, en medio del otro; como consecuencia se realiza la oración.
Es por medio de la unión[9] que Abraham levantó los cimientos de la Casa de Dios. En La Meca, nos unimos alrededor de la Kaaba y entre los montes «al-ṣafâ» y «al-marwah».
Y es dirigido (de pie), arqueado (inclinado) y prostrado como el musulmán articula: disposición, fase y frase, que sucede a la otra, que nace de la otra. La oración es lo que traduzco como la unión[10].
7 – El término francés «mosquée» procede de la palabra española «mezquita», que a su vez viene de la pronunciación de la palabra árabe «masjid», de la raíz S-J-D / س ج د, que da primero la palabra «sajd» / سجد / «prostrarse».
En lengua árabe, «al-masjid» / المسجد  indica la «situación, el lugar donde se prostra».
Por tanto, lo traduzco normalmente como «prosternat»[11] en lugar del término «mezquita», que enmascara el significado original de la palabra para los no arabófonos.
8 – En lengua árabe, la palabra «al-zakât» / الزّكاة  designa a todo aquel que crece y se purifica y purifica por su desarrollo; también designa al impulso de devolver una parte de todo bien adquirido a los derechohabientes y/o a los necesitados. Es el impuesto sagrado, que yo traduzco como el purificador[12].
9 – Etimológicamente, la palabra «ḥajj» / حج / «peregrinación» tiene como primer significado “argumentación”, en el sentido de la concatenación de argumentos que tienden a una conclusión determinada.
Esta palabra también se utiliza con el significado de «destino», a saber, por lo que una persona o cosa está hecha y, por extensión, el lugar al que se debe ir, de ahí también el significado de «peregrinación».
Estos dos significados de la palabra «ḥajj», peregrinación y/o argumentación, tienen en común que suponen una acción orientada hacia una finalidad.
En función del contexto del verso, he traducido esta palabra por uno y/u otro término.
10 – En lengua árabe, las palabras «injusticia» y «oscuridad» / «ẓulm» y «ẓulmah» o «ẓalâm» /ظلم وظلمة أوظلام  tienen la misma raíz (Ẓ-L-M / ظ ل م), que da primero la palabra «ẓulm» / ظلم / «injusticia».
Una lógica inherente a la lengua árabe explica el vínculo que se puede establecer entre la injusticia y la oscuridad: en la oscuridad nos movemos sin precisión, maniobramos a ciegas, cogemos y movemos las cosas incorrectamente, nos desviamos, nos perdemos y extraviamos; somos injustos, apreciamos y actuamos injustamente.
A la luz de estos hechos, podrán comprender que utilizo esta expresión a sabiendas y sabiamente. A la luz de los hechos que he mencionado en relación con la ausencia de precisión en la oscuridad.
Podemos decir y sostener que lo injusto es oscurantista y oscurecedor, y viceversa, lo oscurantista, oscurecedor, es injusto: الظّالم ظلاميّ والظّلاميّ ظالم.
Asimismo, podemos sostener y decir de aquel que sufre la injusticia que está oscuro y oscurecido: المظلوم مُظۡلِم.
Recuerdo a este respecto que, tanto en la recopilación de Bukhari como la de Muslim, se lee un ḥadîth, atribuido al Profeta Mohammed, que confirma y refuerza el principio de una relación entre injusticia, oscuridad y oscurantismo:
«… الظُّلْمَ ظُلُماتٌ يومَ القيامةِ …»
Este pasaje se traduce habitualmente como:
«… la injusticia (الظُّلْمَ / al-ẓulm) es oscuridades (ظُلُماتٌ  / ẓulumāt) el día del enderezamiento…».
Por lo tanto, traduzco ocasional pero deliberadamente, la palabra «injusto» por «oscurantista». En el verso 16 del capítulo 13 leemos:
«… قُلْ هَلْ يَسْتَوِي الْأَعْمَى وَالْبَصِيرُ أَمْ هَلْ تَسْتَوِي الظُّلُمَاتُ وَالنُّورُ…»
«… Di: “¿Pueden equipararse el ciego y el vidente? o ¿pueden ser las oscuridades iguales a la luz?…”»
Recuerdo aquí, contrariamente al árabe coránico, el término «oscurantismo» no existe en la lengua francesa más que a partir del siglo XIX, y más concretamente desde 1819, para significar la hostilidad a la Ilustración.
11 – En lengua árabe, la palabra «por» / «bi» / ب, como en بسم الله / «En el Nombre de Dios, Por el Nombre de Dios», es una partícula que se considera un prefijo, pero también como una preposición, adverbio o locución prepositiva.
Expresa, de manera variable o complementaria, los significados de: “con, en, debido a, gracias a, por medio de, a través de, etc.”
En el Corán, el alcance expresivo de la partícula «bi» / ب es considerable, por lo que no me he permitido ignorarlo o recortarlo.
Por ello, la traduzco frecuentemente por la palabra «por»; la variabilidad o la complementariedad de sus significados puede deducirse del contexto de su utilización.
Me gustaría concluir esta conferencia atrayendo su atención hacia una curiosidad entre el árabe y el francés con respecto a algunas palabras; por ejemplo:
1 – La palabra «al-jannah» / الجنّة / «el paraíso», «el jardín»; de hecho, el génesis que significa: nacimiento, formación, generación. Tanto en la Biblia como en el Corán, la historia de la humanidad comienza en un jardín.
2 – La palabra «jahannam» / جهنّم / «gehena», que significa: abismo, averno, tormento.
3 – La palabra «al-jân» / الجان / «el genio»; de hecho, el gen, que etimológicamente significa: raza, género, especie.
4 – La palabra «ajinnah» / أجنّة / «embriones»; de hecho, el genotipo, que significa: patrimonios genéticos.
5 – La palabra «al-jinnah» / الجنّة / en el plural «genios intrusos»; de hecho, la transgénesis, que significa: la inserción de genes.
6 – La palabra «majnûn» / مجنون / «poseído»; de hecho, transgénico, que significa: genéticamente modificado.
Todas estas palabras, al igual que otros hechos que he mencionado hoy, tienen en común que suelen estar disimuladas.
En el verso 85 del capítulo 17 leemos:
وَيَسْأَلُونَكَ عَنِ الرُّوحِ قُلِ الرُّوحُ مِنْ أَمْرِ رَبِّي وَمَا أُوتِيتُمْ مِنَ الْعِلْمِ إِلَّا قَلِيلًا
«Y te preguntan acerca del alma, di: “El alma es por mandato de mi Señor”; y de su conocimiento se os ha dado una pequeña parte»
Alabado sea Dios, el Señor de los mundos.
والحمد لله رب العالمين
[1] « Primexplication » en francés (N. de la T.).

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] CNRTL : Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales (N. de la T.).

[6] « Créance » en francés (N. de la T.).

[7] Ibidem.

[8] « Jointoiement » en francés (N. de la T.).

[9] Ibidem.

[10] Ibidem.

[11] En francés (N. de la T.).

[12] « Épuratoire » en francés (N. de la T.).

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