El Mensaje Original del Islâm

 

Por Farid Gabteni

 

Después de examinar los conocimientos sobre la ciencia y la fe, y antes de abordar la cuestión del Mensaje original del Islâm, me gustaría señalar que la validez científica de mis trabajos es indiscutible y está reconocida por especialistas. No obstante, entre estos últimos, algunos de ellos musulmanes tradicionalistas, existen ciertas reservas en cuanto a las conclusiones procedentes de mis investigaciones, es decir, la desacralización del tradicionalismo ideológico y el restablecimiento, simple y llanamente, del Islâm original (610-632). Mi obra no se dirige solamente a los musulmanes, sino también a los no-musulmanes; para distinguir así, lo verdadero de lo falso, el Islâm original del islam manipulado e instrumentalizado.
Aprendí el Qorán, el ḥadîth, la sunnah/sirah, la teología y la jurisprudencia a través de la enseñanza y la visión de grandes doctores (Σulamâ), referentes en materia del tradicionalismo. Por consiguiente, yo mismo me volví tradicionalista (moderado؟) durante algún tiempo. Sin embargo, cuando me especialicé y estudié, entre otras, la historiografía, volví a abrir el Qorán con un enfoque científico pluridisciplinar; qué gran sorpresa al descubrir que el Mensaje original del Islâm enunciado en el Corpus del Qorán hace serias objeciones a muchas aserciones incluidas en los múltiples escritos de la tradición, mientras que estos constituyen la base de la ideología tradicionalista.
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Etimológicamente, en lengua árabe, Islâm (الإسلام) significa la Pacificación: la acción de pacificar, de establecer, restablecer y mantener la paz, la sumisión por la paz a Dios. El Islâm es la activación de la paz (al-silm, al-salâm, السّلم السّلام): el que se somete a Dios se pacifica (yuslim, يسلم), detiene el desorden de su mente, los movimientos de revuelta en él y a su alrededor; es pacificado, musulmán (muslim, مسلم) y pacifista (mussâlim, مسالم) : aspira a la quietud, a la seguridad y a la tranquilidad, no está a favor ni se involucra en el desorden y la revuelta; en consecuencia, adquiere un corazón pacifico (salîm, سليم), sano y santo, en paz con Dios y Su Creación.
El contexto histórico del surgimiento del Islâm comparte algunos puntos en común con nuestro tiempo. Del mismo modo que hoy, el mundo conocido estaba dominado a principios del siglo séptimo por dos potencias antagónicas, los imperios persa y bizantino. Había otras civilizaciones, como las grandes naciones de la India y China, sin olvidar las civilizaciones precolombinas, otros pueblos ricos y otros pueblos pobres. Había también pueblos primitivos y tribus que, durante siglos, perpetuaban los mismos modos de vida, como subsisten en nuestros días algunos grupos que viven al margen de la civilización…
Las preocupaciones de tipo filosófico y las creencias religiosas de las tribus de Arabia eran muy arcaicas en comparación con las religiones existentes, tanto las monoteístas, Judaísmo, Cristianismo y Zoroastrismo, repartidas en aquel tiempo por todo el mundo conocido, incluso en las partes más remotas del desierto de Arabia, como las consideradas como politeístas, Taoísmo, Sintoísmo, Hinduismo, Budismo…
El politeísmo y la idolatría que imperaban en las tribus árabes eran tales que las representaciones de los dioses eran ellas mismas consideradas como auténticamente divinas y personificadas como tales. Y aunque sus seguidores creían en un Dios de los dioses, no estaba seguro en su superioridad, era puesto en competencia con las deidades menores que a menudo eran más veneradas que él. El grado de evolución de los árabes, por lo tanto, en comparación con las grandes civilizaciones de su tiempo, era muy primitivo.
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El contexto histórico, religioso y sociocultural en el que vivió Mohammad, sello de los Profetas, es comparable al de Abraham, padre de los musulmanes. Este vivió en una época en que los sacrificios humanos, especialmente de niños, no eran infrecuentes. En la Arabia de principios del siglo VII, la pobreza llevaba a algunos a matar a sus hijos. Otros enterraban vivas a sus hijas, por vergüenza o por miedo a la deshonra, sobre todo si eran primogénitas. También sucedía que se sacrificaba un primer o un último varón nacido; como consecuencia de una promesa realizada a un ídolo. De este modo, el Islâm surgió donde dominaba el oscurantismo del ignorantismo, en el desierto.
Originalmente, un hombre, Mohammad, a quien los ídolos repugnaban. Recibió el sobrenombre de al-amin: “el asegurador, el digno de confianza”. Es a él a quien Dios hizo la Revelación, por medio de un ángel, Gabriel (Jibrîl). Mohammad se encontraba en una cueva llamada Ḥirâ’, en la que, desde hacía cinco años, se refugiaba durante el mes de ramadán, para reflexionar allí sobre la creación de los cielos y de la Tierra. En cuanto al resto del año, llevaba los asuntos de su esposa y acompañaba caravanas a través del desierto.
Dios siempre elige a hombres humildes, pero no ordinarios. Les otorga Su luz, es decir, Su ciencia, y hace de ellos guías, modelos, ejemplos, para aquellos que saben reflexionar y razonar. Al elegir a Mohammad, Dios distinguió a un hombre que vivía de modo totalmente normal y simple, y le reveló, como a todos los Profetas, que Él Es su Dios, El Dios de todos los hombres, de toda la creación. Él Es El sin principio-ni-fin, Él Es, Él Era, Él Será siempre ; Él Es un Tesoro escondido, Él Crea y Se da a Conocer. En el Qorán, se dice: “Y como Nosotros te hemos Revelado un espíritu de Nuestra Orden, tú no sabías lo que está escrito ni la seguridad (fe, creencia), pero Nosotros lo hemos Hecho luz, Nosotros Guiamos con ella a quien Nosotros Escogemos de Nuestros Siervos (…)”[1] ; “Y tú recitaste escrito, antes de él [el Qorán], y no lo escribiste con tu propia derecha (…)”[2].
Dios le dio a la luz, la ciencia contenida en el Qorán, el Libro del Discernimiento (al-furqân): el Libro de Dios para que lo transmitiera a los hombres. Rico gracias a su mujer, estimado por sus parientes y amigos, apreciado por sus conciudadanos, Mohammad, convertido en el depositario de la verdad, iba a ser puesto a prueba por el mal y por el bien, como todos los Enviados y Profetas de Dios, como todos los justos, como todos los hombres. “Pues en verdad la última [la otra vida] es mejor para ti que la primera [la de este mundo] 4 Y en verdad Tu Maestro habrá de Darte y quedarás satisfecho 5 ¿No te Encontró huérfano (privado),  y te Refugió? 6 Y te Encontró perdido, y te Guio 7 Y te Encontró necesitado, y ha Enriquecido  8  Entonces, ante el huérfano (privado), no lo oprimas 9 Y en cuanto al que busca, no lo rechaces 10 Y proclama siempre las Gracias de Tu Maestro 11 [3].
Mohammad recibe un nuevo Libro Revelado, el Qorán. Esto le da credibilidad, restaura y complementa las revelaciones anteriores, está en continuidad con el Mensaje divino transmitido por cada Profeta en su tiempo y a su pueblo. En esto, Mohammad es el sello de los Profetas, con él la Deuda, la Religión, se ha completado, el monoteísmo se asienta de forma permanente. “Mohammad no era el padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Enviado de Dios, y el sello de los anunciadores (profetas); y Dios era, de todas las cosas, Sabedor 40[4] ; “(…) Este día Complementé para vosotros vuestra deuda (religión) y Perfeccioné sobre vosotros Mi Gracia, y Aprobé para vosotros la Pacificación (el Islâm), acreedor (religiosidad) (…) 3[5] ; “Ciertamente la deuda (religión) Para Dios es la Pacificación (el Islâm) (…)19[6].
Desde entonces, el politeísmo que, pese a la aparición de las religiones monoteístas, había permanecido ampliamente dominante desde los tiempos más remotos, comenzó a declinar, especialmente en nuestros días, con el desarrollo sin precedente de las ciencias, el tema central, incluso y sobre todo entre los estudiosos, es Dios El Único: “EN NOMBRE DE DIOS EL ORIGEN EL ARREGLADOR. Dice: ‘Él Es Dios Único 1 Dios El Absoluto 2 No ha engendrado y no ha sido engendrado 3 Y no hay quien pueda a Él compararse, nadie”[7].
“(…) Este día Complementé para vosotros vuestra deuda (religión) y Perfeccioné sobre vosotros Mi Gracia, y Aprobé para vosotros la Pacificación (el Islâm), acreedor (religiosidad) (…) 3[8]. Este verso es, último en ser revelado, el punto final de la Revelación. El Islâm, la última religión revelada, queda completa y aprobada como tal a partir de ese día. Cualquier adición posterior a esta revelación muestra múltiples circunstancias de la historia de los musulmanes, y no puede considerarse como parte del canon del Islâm. Decir otra cosa es afirmar que la Religión no se complementó con la revelación de este verso, contrariamente a lo que afirma.
Así, desde Adán, el primer ser humano, hasta Mohammad, sello de los Profetas, pasando por Abraham, Moisés y Jesús, el Mensaje divino ha sido siempre el mismo, articulado en diferentes formas y completado con el Islâm.
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Con el Qorán, Mohammad recibió la última religión, pero sigue siendo el mismo mensaje: Dios te ha dotado de razón, estudia el pasado y el presente, aprende mediante la ciencia y el conocimiento, observa el cielo, los astros, la Tierra, el mar, la vida, la muerte, todas las cosas grandes y pequeñas. Entonces conocerás, tú Lo conocerás, podrás entonces testimoniar que no hay más dios que Dios, y sabrás cómo y por qué vivir. No adorarás, no servirás a otros “dioses” más que a Dios El Único, El Verdadero, así obrarás con justicia y bondad, no harás el mal, no corromperás en la Creación. Así harás, ya que sabrás que Él Es Dios y que Él es El que Crea y quien Juzga.
“Dios Es La luz de los cielos y de la Tierra. El ejemplo de Su Luz es como un hogar; en él una lámpara, la lámpara está en un farol, el farol es como una estrella atomística que aviva un árbol Bendito, olivo, ni oriental (ni resplandeciente) ni occidental (ni apagado), su aceite finge arder y [aun] si ningún fuego la toca: luz sobre luz. Dios Guía mediante Su Luz a quien Él Escoge, y Dios Aplica los ejemplos para las gentes; y Dios, de todas las cosas, Es Conocedor 35[9] ; “Ciertamente Hemos hecho Descender sobre ti el escrito, para las gentes, por la verdad; de modo que quien sea guiado, lo sea por su ser, y quien se desvíe, entonces ciertamente él se pierde por sí mismo; y tú no estás sobre ellos por mandato 41[10].
“Dirige entonces tu rostro hacia la deuda (religión), convertido, a la Manera de Dios, aquella sobre la cual Él Moldeó a las gentes, no cambio para la Creación de Dios; esta es la deuda (religión) erigida, pero la mayoría de gentes no lo saben 30[11]. Religión de bondad y de la buena obra, del equilibrio, de la moderación, el Islâm es la religión de la ciencia, del conocimiento de Dios a través de Su creación. Uno de los elementos, y no de los menos importantes, que distingue al Qorán de las revelaciones anteriores es su insistencia en las nociones de ciencia y de conocimiento. Por otra parte, la primera palabra de la Revelación a Mohammad fue: “¡Iqra’! (¡Lee!)”; “Lee en el Nombre de Tu Maestro, Quien ha Creado 1 Ha Creado la humanidad a partir de una adherencia 2 Lee, y Tu Maestro Es El Sobreabundante 3 Aquel Que ha Enseñado por la pluma 4 Ha hecho Saber al humano lo que no sabía 5[12].
En cuanto al primer hombre conocido como humano, es Adán y la primera vez que se le menciona en el Qorán, Dios dice: “Y Él Hizo Conocer a Adán los nombres, todos ellos. (…) 31[13]. Queda claro de este modo que, en el Qorán, la aparición del ser humano se vincula al conocimiento. La primera cosa de Dios recibida por Adán es el conocimiento de todos los nombres, y la primera orden de Dios a Mohammad fue “¡Lee!”. El mensaje de Dios para el hombre, desde el principio hasta Mohammad y hasta el final de los tiempos, es: Lee, aprende, conoce la creación de Dios, para conocer a Dios y actuar en consecuencia; es decir, bien y con bondad, porque tú serás juzgado. Y el Día de la Resurrección: “(…) Aquellos a quienes se ha Transmitido el saber han dicho: “Ciertamente, la degradación, en este día, y la impureza están en los denigrantes” 27[14] ; “Y aquellos a quienes se ha Transmitido el saber y la seguridad (fe, creencia) han dicho: ‘Seguro ya tuvisteis conocimiento en el Escrito de Dios sobre el día de la resurrección, pues he aquí el día de la resurrección, pero vosotros no lo sabíais’ 56[15]. Es decir hasta qué punto el saber constituye el primer mandamiento de Dios en el Islâm.
Prestar atención y reflexionar sobre lo que decimos, oímos y vemos, es tomar consciencia de la totalidad de las cosas, de uno mismo y de los demás. Comprender correctamente más allá de lo que decimos, oímos y vemos, es tomar consciencia de todas las cosas, de uno mismo y de los demás. Más allá de los dos conjuntos se encuentra La Verdad, La Realidad Inefable.
En el Qorán, son muy numerosos los versos que valoran la reflexión, el razonamiento y mencionan a los sabios: “(…) entonces narrativiza la narración; ¡tal vez reflexionen! 176[16] ; “(…) y estos ejemplos, los Aplicamos a las gentes; ¡puede ser que reflexionen! 21 [17] ; “(…) de este modo Detallamos los signos, para una comunidad [de aquellos] que reflexionan 24[18] ; “(…) De este modo Dios Explicita para vosotros los signos (versos); ¡puede ser que reflexionaréis! 219[19] ; “Quienes recuerdan a Dios, de pie y fundados y en sus costados, y reflexionan sobre la creación de los cielos y de la Tierra: ¡Nuestro Maestro! Tú no has creado esto falsamente; ¡Gloria a Ti! Así nos Previniste del tormento del fuego 191[20].
“Él Es Aquel Que ha Formado el sol llameante y la luna iluminadora y Él la Midió descendiente; para que supierais el número de los años y el cálculo; Dios no ha Creado esto más que por la verdad; Nosotros Detallamos los signos para una comunidad [de aquellos] que saben 5[21] ; “Y de Sus Signos: la creación de los cielos y de la Tierra, y la diferencia de vuestros idiomas y vuestros colores; ciertamente en esto señales para los [mundos] sabios 22[22] ; “Y estos ejemplos, los Aplicamos a las gentes, y solo los sabios los razonan 43[23] ; “(…) ciertamente temen a Dios los eruditos de Sus Siervos; ciertamente Dios Es Considerable, Perdonando 28[24] ; “Más bien es uno de los signos explícitos en los pechos de quienes a quienes ha sido Entregado el conocimiento; y no niegan Nuestros Signos sino los oscurantistas (los injustos) 49[25] ; “(…) Dios Eleva a quienes han asegurado (creído) de entre vosotros y a quienes ha sido Entregado el conocimiento, grados; y Dios, de cuanto obréis, Está Informado 11[26].
Negar al Qorán su aspecto científico es lo mismo que ignorar u olvidar que los sabios y la civilización islámicos son el fruto de una cultura qoránica que incita a la reflexión y a la investigación científica. La influencia y la contribución del Qorán a los sabios musulmanes son indiscutibles e históricamente demostradas.
Todos los sabios musulmanes eran creyentes, formados por el estudio del Qorán. Casi todos se convirtieron en teólogos, antes de especializarse en diversas disciplinas científicas. Ellos enriquecieron la Ciencia con sus conocimientos y con todo aquello que adquirieron a lo largo de la historia de la humanidad. Sus obras son consideradas en nuestros días como precursoras de la ciencia moderna. En repetidas ocasiones, estos sabios atestiguaron que el estudio profundo del Qorán fue el origen de su vocación científica.
 
“Y aquellos a quienes fueron Entregados el conocimiento y la seguridad (fe, creencia) dijeron (…) 56[27]. En este verso, la palabra “conocer” precede a la palabra “fe”, debiendo ambas ser consideradas como simultáneas, la una con la otra. De hecho, el resultado del conocimiento en combinación con la fe es la paz, la serenidad, un corazón pacificado, sano y santo. Sin conocimiento ni discernimiento, toda creencia es tributaria de las circunstancias y de la pasión, que conducen a lo mejor y/o a lo peor; como nos lo demuestra la Historia.
Todos los sabios musulmanes, sin excepción, eran qoranistas, tal como lo fue el Profeta mismo; y todos los extremistas, desviacionistas, eran tradicionalistas. Aquellos que existen hoy no son los menos, eso lo dice todo. Los musulmanes del progreso y de la Ciencia han transmitido a la humanidad el conjunto de base de todos los conocimientos modernos. El Islâm es la única religión en el mundo que está en el origen de una civilización de ciencias. En cuanto a los retrógrados, los fanáticos y los criminales, han sido siempre, desde el principio de los tiempos y en todas las sociedades, el mal del que debe curarse la humanidad.
Además, al ser Musulmán, hay que testimoniar que no hay más dios que Dios. Y para ser un auténtico testigo, para poder testimoniar de la verdad, de la realidad, se necesita un saber, un conocimiento de los hechos y de las cosas. Adquirido este saber, se accede entonces a la fe por medio de la razón y el corazón, se encuentra la humildad en la paz y el amor de Dios, se sabe de dónde se viene y adónde se va, se obra con benevolencia y beneficencia, se distingue el bien del mal, lo verdadero de lo falso. El Musulmán que sabe es un ser de Paz, tolerante, bueno, benevolente y benéfico; él cree en el Dios Único, sin asociado, en el Dios de Israel, de Cristo, de Mohammad, en el Dios de todos los hombres sin distinción, en el Dios de los cielos, de la Tierra y de lo que hay entre ellos, en el Dios de aquellos que viven en los cielos y sobre la Tierra. Y desde luego, si la Deuda, la Religión de Dios es el Islâm, Él Eleva a quién Quiere y Perdona a quien Quiere. Por lo tanto no hay excluidos y todas sus criaturas entran en Su Misericordia. Y yo afirmo que eso no es una cuestión de detalle.
 
“Y para que sepan aquellos a quienes ha sido Entregado el saber, que ciertamente es la Verdad de Tu Maestro, entonces ellos aseguran (creen) por él, entonces se vuelven ascetas por él sus corazones; y ciertamente Dios Está Seguro Guiando a aquellos que han asegurado (creído) por el camino recto”[28]
 
El Qorán no es un libro esotérico, únicamente reservado a los iniciados; es expresamente exotérico en la medida de que puede y debe ser divulgado y enseñado públicamente. No obstante, debido a su naturaleza divina, el texto incluye y difunde varios niveles de lectura yuxtapuestos y complementarios; ninguna exégesis, literal o anagógica, puede desprenderse de él. Sin embargo, el significado se deduce, con una probabilidad óptima, del análisis del discurso, específico o genérico. El Qorán es, por lo tanto, accesible a todo ser humano dotado de razón y sentido común; es impenetrable para los sordos que no quieren oír y los ciegos que no quieren ver.
A lo largo de toda mi obra demuestro, a través de decenas de ejemplos, que el Qorán insiste e incita a la reflexión, al racionamiento y a la búsqueda del saber; por consiguiente, al conocimiento de Dios. El Qorán no es en sí mismo una ley, sino una Revelación, es Religión en cuanto a la relación del hombre con la Orden del Divino, de Realidad Superior, que se concretiza por el Saber, la Fe, la Bondad, la Beneficencia, la Disposición del Bien, la Abstención al mal, la Pacificación y la Paz; ese es el Mensaje original del Islâm.
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A diferencia de la Biblia y la mayoría de libros sagrados, que relatan cronológicamente la historia de la creación del mundo, del hombre, de los Profetas y de los Mensajes, el Qorán por su parte, excepto en el caso de José o excepcionalmente, no narra los acontecimientos de una sola vez, en un determinado capítulo, sino fragmentados y presentados de manera no lineal, en el conjunto del corpus. No se trata de relatar, por fuerza, hechos históricos por sí mismos, sino de estimular la búsqueda, el análisis y la reflexión científica, lo que eleva el alma al Islâm. A diferencia de lo que algunos piensan y predican, el Qorán no se presenta como un libro de historia ni como un código civil y penal, en el significado literal de las palabras. Su comprensión profunda requiere un análisis multidisciplinario riguroso, con prismáticos, con lupa y con microscopio. Es la Revelación de Dios, Su Palabra dirigida a la razón y al razonamiento del hombre.
“Y ciertamente ya Nos hemos hecho Variar para las gentes, en este Qorán (doblegante), de todo ejemplo; entonces la mayoría de gentes [no] han sido tenaces sino en denigración 89[29] ; “Si hubiéramos hecho Descender este Qorán (doblegante) sobre una montaña, ciertamente lo habrías visto reverencial, agrietada de temor de Dios; y tales ejemplos, los Aplicamos para las gentes; ¡tal vez reflexionen! 21[30]
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De todos los Atributos con los que Dios se califica a Sí Mismo en el Qorán, el de Maestro de los Mundos, tan frecuentemente repetido, cuarenta y dos veces bajo esta forma, pone de relieve la universalidad del Islâm, la religión a la cual todos los hombres están invitados. Dios no es el Maestro solo del cielo y solo de la Tierra, Él es el Maestro de los Mundos: de los cielos, de la Tierra y de cuanto se encuentra entre ellos. Este enunciado, que podía parcialmente escapar a la comprensión de los primeros musulmanes, adquiere todo su significado a la luz de los conocimientos modernos. “El Faraón dijo: ‘¿Y cuál es el Maestro de los mundos?’ 23 Él [Moisés] dijo: ‘El Maestro de los cielos y la tierra, y de cuanto se encuentra entre ellos; ¡tened esta certeza!’ 24[31] ; “Con certeza Vuestro Dios Es Ciertamente Uno 4 El Maestro de los cielos y de la tierra, y de cuanto se encuentra entre los dos ; y Maestro de los orientes (de los esplendores) 5[32].
En medio de miles de millones de galaxias y sistemas solares, cuando los científicos todavía se preguntan si hay otros seres vivos en el universo, el Qorán, por su parte, lo afirma: “Y por Dios se postra cuanto de animado hay en los cielos y cuanto de animado hay en la tierra, y los ángeles (poseedores) y aquellos no se enorgullecen de ello 49 Tienen temor de Su Maestro sobre ellos, y hacen lo que se les Ordenó 50[33].
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En el desierto, hace más de mil cuatrocientos años, Dios Reveló a Mohammad que este Libro, el Qorán, esta llamada que Él dirige a los hombres, no conocerá alteración, pues es Él Dio quien lo Preserva. Y, de hecho, el Qorán es ahora considerado por los especialistas como el libro sagrado más conforme a lo que era originalmente. “Ciertamente Nosotros, Nosotros hemos hecho Descender el recuerdo y ciertamente Nosotros Somos, por él, ciertamente Conservante 9[34]. Hecho esto, todavía queda acceder al corazón de su mensaje: “Ciertamente, es sin duda un Qorán (doblegante) abundante 77 En un escrito cobijado 78 No lo toquen más que los purificantes 79 Descenso del Maestro de los mundos 80[35]  ; “Es sobre todo Qorán (doblegante) prestigioso 21 En una percepción Conservada 22[36].
En la época del Profeta, cada civilización tenía sus propios valores y las nociones del bien y el mal divergían de un pueblo a otro. La humanidad alcanzó, desde la segunda mitad del siglo XX, un elevado nivel de civilización y de conocimiento; las ciencias y las tecnologías experimentan una expansión sin precedentes. Pero por lo que respecta a la falibilidad del hombre: si el decorado ha cambiado, la mentalidad se ha mantenido igual en general. La corrupción y el mal predominan todavía, y sus nombres son: injusticia, manipulación de masas, oscurantismo, miseria, guerras, masacres, crisis y tráficos de todo género, degradación del medio natural, extinción de especies, contaminación, cambio climático… “La corrupción se manifestó en el sol y en el océano por cuanto han adquirido las manos de las gentes, para que Él les hiciera Probar una parte de cuanto ellos habían obrado; ¡tal vez regresen! 41[37].
 
En nuestros días, el Islâm y los musulmanes se han convertido en la obsesión del mundo, con mucha frecuencia no se habla de ellos sino en términos de guerra, de terrorismo, de inmigrantes o de emigrantes. En África, en Asia, en Sudamérica y por todo el mundo, se devastan bosques, se secan lagos y ríos, se engullen tierras y pueblos, poblaciones enteras son desplazadas, millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, centenares de miles son víctimas de la hambruna, de asesinatos, de secuestros, del tráfico de órganos, millones de mujeres son golpeadas y violadas, centenares de miles de niños son esclavos… De esto no se habla más que superado un cierto umbral de horror; o con ocasión del Mundial de Fútbol.
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Otra paradoja, mientras que el Islâm brilla en los ámbitos científicos en su expansión, el mundo musulmán actual, por su parte, lejos de ser el modelo a seguir, está a la deriva. Estos dos hechos son suficientes para demostrar que el Islâm se distingue, por su originalidad divina, de los musulmanes, falibles por naturaleza. Y está dicho en el Qorán: “Dios Quiere que Él Explicite para vosotros y que Él os Guíe, los modos de aquellos de antes de vosotros, y que Él Revise sobre vosotros; y Dios Es Sabio, Juzgando 26 Y Dios [no] Quiere sino Revisar sobre vosotros, y aquellos que siguen los deseos quieren que os inclinéis, una inmensa inclinación 27 Dios [no] Quiere sino Aligerar en vosotros, y el hombre ha sido Creado débil  28[38].
El Islâm se manifiesta no únicamente en los números, con casi dos mil millones de fieles sobre el planeta y en continuo aumento en el número de quienes lo abrazan, lo que hará de él la primera religión de la tierra. El avance del Islâm, en contraste con la degeneración de ciertos musulmanes, se explica por la universalidad de su mensaje original, que ha podido superar las vicisitudes a las que se han enfrentado los musulmanes durante siglos. “Él Es Aquel Que ha Enviado a Su Enviado por la guía y la deuda (religión) de la verdad, para que Él la Manifieste sobre toda deuda (religión) ; e [incluso] si esto obliga a los asociadores 9[39].
Simultáneamente, la aparición del charlatán[40] (الدجال) y de la charlatanería es ahora real en el mundo; tienen la característica de presentarse mediante una falsa apariencia de virtud y de piedad. Son muchos los que creen en ellos, hasta que la luz del conocimiento, de forma irrevocable, se manifiesta y permite desenmascarar las fuerzas oscuras y malignas. Bajo la cubierta de un islam desnaturalizado por los ignorantistas, unos fanáticos, corruptores de la fe, ayudados de la ignominia, cometen los peores crímenes contra Dios y la humanidad. Desnaturalizando el Islâm y todos los valores morales universales, cultivan la discordia, el odio hacia el prójimo, la violencia y el sectarismo. Aunque es innegable que estos malvados criminales dirigen y amenazan a la civilización en su conjunto, los musulmanes son las primeras víctimas de sus teorías y sus prácticas de pesadilla.
Los criminales no tienen religión, sus éxtasis son la muerte, la destrucción y la corrupción sobre la tierra. El Islâm condena a los charlatanes diabólicos y a los asesinos ¡Ay de ellos en este mundo y en el otro! El Islâm es inocente de los crímenes, atrocidades y masacres cometidos falsamente en su nombre por los herejes, desviacionistas y criminales. Son ellos, más bien, los cómplices del mal, perversos y corruptores en la Tierra. A Dios no Le gustan ni las agresiones ni los agresores; y menos los corruptores en la Tierra, los sedientos de sangre y los carniceros criminales.
El corazón del problema sujeto al terrorismo perpetrado en nombre del Islâm es la ideología oscurantista, fanatizadora y violenta que predica el odio y la muerte. Es esta clase de ideología herética, contraria y traidora al Islâm original, la que influye en ignorantes y mentes frágiles y los convierte en demonios criminales. Tenemos que informar, enseñar y sensibilizar a los musulmanes en el Islâm original, vector de ciencia, de progreso, de tolerancia, de paz y de civilización.
La Fe está ligada de manera íntima a la bondad y la indulgencia. El desconcierto está ligado interiormente a la brutalidad y la violencia. Durante su vida, el Profeta jamás emprendió guerra ofensiva ; todas aquellas que llevó a cabo fueron defensivas o (más excepcionalmente) preventivas[41]. Aquellos, después de él, que hayan actuado de forma diferente llevan solos la responsabilidad ante Dios y ante la Historia. El Islâm original insta al humanismo y la universalidad, a diferencia del tradicionalismo ideológico que lleva al sectarismo y al   repliegue identitario. El primero es la Enseñanza de Dios, Maestro de los mundos; el segundo es la obstinación de los sectarios, doctrinarios y obtusos.
Algunos, engañados, dedican su tiempo a luchar entre sí, a menudo de la manera más sincera del mundo. Unos y otros proclaman ¡Dios Es El Más Grande! y, en uno u otro ámbito, pretenden defender la justa causa de Dios. Se encuentran en un estado de restricción mental en el que el ignorantismo perpetúa el oscurantismo, la superstición y la violencia. Muchos se han convertido en rehenes o marionetas de un dogmatismo y de un pasado ya caducados. ¿Qué decir, sino: “Lâ ḥawla wa lâ quwwata illâ billâh, ningún entorno y ninguna fuerza sino a través de Dios?” “Di: ‘¡Oh, familiares del escrito! No os liberéis de vuestra deuda (religión), diferentes de la verdad, y no sigáis las inclinaciones de una comunidad [de aquellos] que ya se han desviado en otro tiempo, y han desviado mucho, y se han desviado, de la justicia del camino’”[42].
Por ejemplo, ΣÂshûrâ’, una celebración para algunos, durante la cual nos regocijamos ; un luto para otros, durante el cual nos fustigamos. No debería ser ni una celebración ni una mortificación por fustigación. Los historiadores musulmanes, sin excepción alguna, informan que el último y bien-amado nieto del Profeta, Al-Ḥussayn, fue asesinado y decapitado por presuntos musulmanes el día de Σâshûrâ’ (10-01-61 H/10-10-680 G). ¿Quién puede presumir de pertenecer a la comunidad de Mohammad y celebrar este día? ¿Cómo podemos igualmente mortificarnos por fustigación mientras que el Islâm rechaza totalmente este proceso? Este día debe ser una oportunidad para la meditación y la reflexión sobre nuestra historia de ayer y hoy en vista a mejorar el mañana.
Además, en cuanto a los aniversarios de los Profetas, Moisés, Jesús y Mohammad no celebraban el aniversario de su nacimiento; los judios, los primeros cristianos y los primeros musulmanes tampoco festejaban el aniversario del nacimiento de sus Profetas. Además, en la historia de las religiones, no encontramos ningún rastro de un Profeta que hubiera iniciado a sus discípulos en tales celebraciones. Sin embargo, conviene precisar que tales remembranzas no pueden considerarse ilícitas siempre y cuando no estan sacralizadas.
El Profeta nombraba y enviaba oficiales e instructores para enseñar el Monoteísmo por el Islâm (la Pacificación). Sin embargo, no instituyó ningún clero ni gobierno, ni designó a nadie, precisa e indiscutiblemente, para ejercer el poder político y/o religioso después de él. El Islâm original no legitimó, por lo tanto, la instauración de un establishment, en cualquier forma o clase; el tradicionalismo ideológico, sí, y continúa haciéndolo. El Islâm difunde una filosofía de vida; el tradicionalismo, una ideología sistemática.
El Islâm no puede por consiguiente ser representado ni por un clero ni por los dignatarios religiosos, y menos aún por una institución estatal. En cuanto a los doctores en religión islámica, ellos no pueden beneficiarse más que de una única prerrogativa, la de emitir opiniones.
Después de la muerte del Profeta Mohammad (632), varios acontecimientos y circunstancias de la Historia, que sería muy extenso enumerar aquí, han llevado a unos y a otros a legislar en todos los ámbitos, algunos interpretando el Qorán y la conducta del Profeta conforme a lo que ellos creen justo desde su punto de vista, otros en función de sus intereses. Es lo que da nacimiento a sharîΣah, la legislación, la teología y la jurisprudencia en los musulmanes. Hoy más que ayer, tenemos el deber de estudiar y, examinar en detalle y en profundidad, de forma objetiva, histórica y científicamente, el Islâm en vida del Profeta y lo que sucedió tras su muerte; cómo nacieron la teología y la jurisprudencia en la cultura musulmana, con el fin de volver al original y verdadero Mensaje del Islâm.
Dios Enseñó al ser humano los nombres, todos (Qorán / cap.2, v.31); para analizar, reflexionar, discernir y legislar en consecuencia. La única sharîΣah (Ley, Legislación) de Dios, inmutable e inviolable, se encuentra ser las leyes de la física, inalteradas e inalterables desde la creación del universo. Cualquier otra ley es circunstancial de tiempo, de lugar, de causa, de objetivo. Los ignorantes y los fanáticos son como lo ilustra el versículo 179 del capítulo 7 del Qorán: “(…) Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven, oídos con los que no oyen. Son como rebaños. No, aún más extraviados. Esos tales son los que no se preocupan”.
Para el Musulmán que sabe, solamente el Qorán es la Revelación de Dios y, por lo tanto, es Sagrado, el resto no es más que invento de los hombres y, por lo tanto, es falible. El Qorán afirma claramente la libertad de conciencia y de expresión, yo diría incluso, la libertad, a secas. Así, cuando Dios Anunció a los ángeles que Iba a formar a un sucesor (de aquel que lo precedió) en la Tierra, entonces ellos replicaron: “¿Vas a poner en ella a quien corrompa en ella y derrame sangre? (…)” ¡Dios! Lejos de reprocharles esa reflexión, les Responde y Argumenta Su Decisión: “(…) Por supuesto, Yo Sé lo que vosotros no sabéis”[43]. Más aún, en el Qorán, también está permitido que el diablo desobedezca a Dios, que justifique su desobediencia y que haga el mal (bajo su propia cuenta y riesgo). Para cualquiera que reflexione, todo está dicho, con respecto a la libertad, en esto que acabo de enunciar. El conjunto del Qorán ilustra, a través de numerosos ejemplos, la libertad de conciencia y de expresión.
El ideal de libertad no es el propio del homo occidentalis, sino el de la naturaleza humana; la palabra libertad fue proclamada, durante toda la historia de la humanidad por todos los oprimidos de todas las naciones, por toda la Tierra. La universalidad de esta noble palabra fue consagrada por la lucha de los pueblos colonizados, despojados y esclavizados; la libertad es inherente a la evolución y la consumación de lo humano.
Los últimos países en abolir la esclavitud fueron aquellos llamados “musulmanes”, en contradicción total con los preceptos del Qorán y la conducta del Profeta, quien promovía la liberación de los esclavos. Igualmente, sacando versículos del Qorán fuera de sus contextos circunstanciales de época, lugar, causa y finalidad, los tradicionalistas predican mantener a la mujer bajo la tutela del hombre; por confiar en su discurso sin más discernimiento, demasiados musulmanes se encuentran todavía atrasados en lo que respecta a la emancipación de la mujer. Esto, dicho sea de nuevo, está en total contradicción con el espíritu del Qorán y el Mensaje original del Islâm.
Todos los seres humanos, hombres y mujeres, nacen y viven indispensablemente libres e iguales en dignidad y derechos ante Dios, hasta el último juicio; la lectura analítica del conjunto del Qorán no deja lugar a dudas sobre el tema. Los tradicionalistas musulmanes desviacionistas, que definen las palabras distorsionando el sentido y fuera del contexto qoránico, no actúan mejor que sus homólogos judíos y cristianos, quienes predican que la mujer es la primera que cometió el pecado original, ellos toman esto literalmente de sus Biblias[44].
Para demostrar que la mujer no es igual que el hombre y debe estar bajo la tutela de este, los tradicionalistas desviacionistas defienden, entre otros argumentos, que Dios no ha hecho mujeres profetas. Imagine mujeres profetas predicando en medio de poblaciones rústicas, sin fe ni ley, belicosas y asesinas, misóginas hasta el extremo y que sacrifican niños: ¡para quienes la mujer no tenía más valor que un simple utensilio! Sabiendo lo que aún hoy sufren muchas de ellas, ¿con qué palabras podríamos describir las terribles condiciones en las que vivían las mujeres hace decenas de años, siglos y milenios?
* * *
Los herejes truncan el Islâm, la religión de la unicidad, del conocimiento, de la libertad de conciencia, del libre albedrío, de la tolerancia, de la pacificación y de la Paz, para hacer de ella una religión de ideologías oscurantistas, retrógradas, violentas y motivadas por el odio. Sin embargo, incluso para dirigirse a un tirano como el faraón, Dios Ordenó a Moisés y a su hermano: “¡Hablad con él amablemente! Quizás, así, se deje amonestar o tenga miedo de Dios”[45]. Este versículo, como muchos otros parecidos, constituye para el Musulmán un ejemplo de comportamiento a seguir. Si en nuestros días la entrada a las mezquitas está generalmente prohibida a los no musulmanes, el Profeta Muhammad, él, admitía a los judíos y a los cristianos, entre otros, en la mezquita.
El Qorán menciona que el racismo es el primer pecado capital cometido contra la ley divina y que es el diablo quien lo ha instaurado, respondiendo a Dios con respecto al ser humano: “dijo: ‘yo soy mejor que él, Tú me has Creado de fuego y Tú le has Creado de arcilla'”[46]. En consecuencia, cualquiera que se crea superior a otro perpetúa este pecado de origen diabólico; y Dios Sabe que hay numerosos racistas repartidos por el mundo.
Una presentación comienza con una introducción, continúa con el desarrollo y termina con una conclusión. Este es el caso del Qorán, que comienza con “La Apertura” (Al-Fâtiḥah), capítulo 1; se desarrolla a partir de “La Vaca” (Al-Baqarah), capítulo 2, hasta el final del libro; concluye con capítulos que en su mayoría datan de principios de la Revelación. Todo esto para señalar la importancia que se concede al origen.
Contrariamente a lo que se estableció después del Profeta, no es su emigración a Medina (la Hégira, 622)[47] la que marca el inicio del calendario musulmán; este se fija en el Qorán (capítulo 97), que se inicia con la Revelación qoránica en 610 (capítulo 96). El Islâm original cubre toda la Revelación (610-632), mientras que el tradicionalismo ideológico busca enfocarse y anclarse en el calendario hegiriano. Todos los historiadores musulmanes, tradicionalistas incluidos, entienden que el calendario hegiriano se adoptó después del Profeta. El Qorán da prioridad a la fecha de la Revelación: “mejor que mil meses”[48]. El sentido común dicta que un calendario se toma a partir de un comienzo; está claro que el Islâm no comenzó con la Hégira sino con la Revelación qoránica.
La adopción, posterior al Profeta, del calendario hegiriano tiene repercusiones sentenciosas de orden político, teológico y jurisprudencial. De forma insinuada, ha permitido y sigue permitiendo a los tradicionalistas sostener falsamente sus ideologías, privilegiando exegéticamente al período Medinense sobre y en detrimento del período Mecano. El Qorán afirma: “(…) ¿es que creéis en parte de la Escritura y dejáis de creer en otra parte? (…)”[49].
Después de la muerte del Profeta, en el 632, y de la gran subversión de entre el 656 y el 680[50], durante siglos, las causas fundamentales del debilitamiento en su crecimiento y de la división de la comunidad musulmana en facciones provienen de conflictos puramente políticos y del considerable crédito que se concede a las colecciones de tradiciones relativas a los antiguos y a los dichos, hechos y gestos del Profeta (el salaf [51], el ḥadîz[52], y la sunna[53]). De hecho, cada corriente comprende el Qorán y el Islâm según lo que considera de estas colecciones, lo que da lugar a interpretaciones, teológicas y jurisprudentes, de hecho, sociopolíticas, con frecuencia contradictorias. Los historiadores, de todas las disciplinas, incluidos los enunciadores[54], debaten todavía hoy la validez histórica de estas tradiciones. Pese a ello, en el caso de muchos musulmanes, les dan mayor relevancia que al Qorán, convirtiéndose en la fuente de lo que los divide.
El análisis científico del conjunto de estas recopilaciones de tradiciones, que pueden fecharse entre ciento cincuenta y doscientos cincuenta y cinco años tras la muerte del Profeta, nos indica que no ofrecen ninguna garantía concreta de autenticidad, de exactitud y, menos aún, de la precisión de las proposiciones que relatan. Constituidas a partir de diversos canales de la transmisión oral, no son sino una visión aproximada de hechos históricos. De algunos cientos de proposiciones[55] en un principio, se multiplicaron en menos de un siglo hasta convertirse en miles. La narratología nos demuestra que los más antiguos de estos relatos empezaron a ver la luz a finales del siglo VII y a inicios del siglo VIII[56], lo que coincide con el final de la guerra civil. Fue aquella la época en que aparecieron las distintas corrientes de pensamiento político, teológico y jurisprudente, que se encuentran en la base de todas las tradiciones de los musulmanes.
Estas recopilaciones de tradiciones son la consecuencia de una multitud de acontecimientos y circunstancias vividas por los musulmanes tras la muerte del Profeta, y representan concepciones ideológicas, políticas y sociológicas relacionadas con sus épocas. Los desviados y los adversarios del Islâm se aprovechan de estos relatos de contenido sin verificar y les dan credibilidad para que sirvan a sus propósitos; así es como deforman y desnaturalizan el Islâm. De hecho, algunos relatos recogidos en estas recopilaciones interpretan de modo grosero el Qorán, yendo contra el sentido literal y alegórico de sus versos, y atribuyen al Profeta pronunciamientos, comportamientos y actos totalmente opuestos a su carácter y al Mensaje del Islâm.
Los oscurantistas, los criminales y los islamófobistas hacen creer a los ignorantes que el Islâm es sinónimo de odio y violencia. Esto sirve en sus discursos incendiarios y mezquinos y, siembra la enemistad y la discordia, alientando, de esta forma, a una guerra de civilizaciones. Si no andamos con cuidado, es el caos lo que nos espera.
“Ciertamente Dios Ordena la igualdad y la excelencia y la relación con los parientes, y Él Reprime la depravación y lo irreconocible y la intriga; Él os Exhorta; ¡tal vez lo recordaréis! 90[57] ; “Y no seáis como aquellos que se separaron y divergieron tras haberles llegado las aclaraciones; y aquellos tienen un inmenso tormento 105[58] ; “(…) y no seáis asociados 31 De aquellos que han discernido su deuda (religión) y siendo propagadores, toda coalición, por cuanto es afín a ellos, contentos 32[59]. Sin embargo, muchos se han atrincherado en múltiples facciones, excomulgándose mutuamente, dejando de lado el mensaje original y universal del Islâm, interpretando el Qorán sin beber en su fuente, porque ellos han perdido y olvidado el corazón, en beneficio de tradiciones inciertas, discutidas y discutibles. “Y las gentes que compiten en Dios por diferencia de conocimiento y ni guía y ni escrito iluminante 8[60].
Es lamentable el ejemplo de aquel que oye pero no escucha nada, que aprende pero no comprende nada, que cree saber pero no sabe nada, que improvisa pero que no se aplica en nada. A fin de cuentas no sirve para nada más que para hacerse el listo… toda una vida sin ciencia ni conciencia en la rutina diaria. Esto puede parecer gracioso pero es bastante triste.
Soy Musulmán, manifiesto que no hay más dios que Dios, Único, sin asociado. Y manifiesto que Mohammad es Su Servidor y Su Emisario, a saber que la Deuda, la Religión con Dios, es la Pacificación, el Islâm, la sumisión a Dios en paz. No manifiesto que Abûbakr, Omar, Osmân o Alî[61] son mensajeros de Dios. Ellos no son más que musulmanes cercanos al Profeta, quienes tuvieron tanto errores como aciertos, y que no pueden ser irreprochables por esencia. Sólo Dios Es Perfecto y Absoluto. No me identifico con alguna escuela teológica o jurisprudencial en particular, eso no me impide sentir profundamente como parte de mi deber defender, a pesar de sus diversidades, a la comunidad musulmana, de la cual formo parte. Y me niego con todas mis fuerzas a que se divida aún más. Me posiciono en contra de los excomulgadores y escisionistas, cualesquiera que sean. Dios no ama ni la agresión ni a los agresores. Él Es El Testigo y Él Es El Juez ; y nadie puede pretender poseer el paraìso o el infierno, salvo Él.
Para el creyente, Dios en Sí Es la Verdad, La Soberanía, Suprema Verdad; La Verdad Inefable. Nadie más que Él, nadie posee la Verdad Absoluta, cada uno su verdad; he de decir que hay tantos puntos de vista sobre la verdad como opiniones. Sin embargo, “La verdad es válida únicamente por la unidad total de su expresión, mientras que las objeciones y herejías siempre tienen la oportunidad de atacar el detalle” (Blondel). La verdad es el conocimiento reconocido como justo, como conforme a su objetico y que posee un valor universal, absoluto, último; la norma, el principio de rectitud, de sabiduría, considerados universalmente como un ideal respecto al pensamiento y/o la acción.
Ciertas doctrinas político-teológicas y jurisprudenciales, heredadas de la historia de los musulmanes, posteriores al Profeta, son contrarias al espíritu mismo del Islâm original. Sin embargo, lamentablemente, muchos las siguen proclamando hoy como verdades inmutables y eternas. ¡Estas ya no son, prioritariamente, el Mensaje original del Islâm, y sus valores universales que se enseñan, ocultados u olvidados, no son sino doctrinas ritualistas de otra época, con perspectivas de futuro en el pasado! No es el Islâm el que necesita reformas, es el tradicionalismo el que debe ser corregido y desacralizado. Se enseñan los mementos de tradiciones, en lugar de la Religión de “aquellos que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra (…)”[62].
Las instituciones religiosas actuales perpetúan, animan y propagan el tradicionalismo ideológico, el ritualismo y el conformismo; no tienen como prioridad el hacer prevaler el Mensaje original del Islâm enunciado y difundido en el Qorán durante la vida y por el Profeta, sobre el tradicionalismo instaurado tras él e institucionalizado como religión desde entonces. Es hora de que los musulmanes hagan esta distinción, encuentren el sentido original del Islâm y se renueven en consecuencia.
El Islâm original, aquel de en vida del Profeta, enunciado y explicado en el Qorán, debe ser la referencia principal de todo Musulmán digno de ser llamado así. Este Islâm es sinónimo de Ciencia, de Conocimiento, de Tolerancia y de Progreso. El tradicionalismo, en sí, es sinónimo del pasado anclado en la historia, cumplido y no reproducible ; la Historia avanza y no retrocede, sin importar lo que hagamos, es la Ley de Dios. Además, la ideología tradicionalista es el vector, por exceso y por defecto, del estancamiento intelectual, de la superstición, del fetichismo, del dogmatismo, del uniformismo, del ignorantismo y del oscurantismo, muchos males que deben evitarse.
Sin verdaderamente tener en cuenta el Mensaje original del Islâm, menos incluso los datos históricos y sociológicos o los hechos circunstanciales de la época, el lugar, la causa y el propósito, los tradicionalistas repiten sin cesar el ḥadîz, lo que el Profeta habría dicho, para legitimar sus ideologías y sus interpretaciones del Qorán. Sin embargo, Dios dice: “Y él no comunica con seguridad la inclinación 3 Sólo es revelación que es Revelada 4[63]. Constatamos en estos versos que no se puede certificar como alocución del Profeta sino aquello que ha sido revelado por Dios, es decir, el Qorán. De hecho, la orden de Dios “¡Di!” se repite trescientas treinta y dos veces en el Qorán[64]. Y esta orden divina, tantas veces reiterada, es inherente a la transmisión continua del mensaje bien entendido. Cuanto ha dicho el Profeta con certeza es cuando Dios le ha ordenado decir por revelación, en el Qorán. “Tales Signos (Versos) de Dios, Nosotros los Relatamos sobre ti por la verdad, entonces ¿por qué enunciado (ḥadîz) después de Dios y Sus Signos (Versos) ellos aseguran (creen)? 6[65].
En cuanto a la sunnah[66], la tradición, modo de los hechos y gestos del Profeta, se la encuentra también, y con mayor autenticidad, en el Qorán. Se le califica como hombre de gran creatividad, de moral, se encuentra en él el relato de lo que debe decir o hacer. La palabra “sunnah”, modo, se cita dieciséis veces en el Qorán[67], en referencia a Dios o a los antiguos anteriores al Profeta, ni tan solo una sola vez en relación con el propio Mohammad.
Los fanáticos pseudo-religiosos se inspiran en el tradicionalismo, consecuente con la historia de los musulmanes y no con el Islâm en sí mismo. Por lo tanto, debemos actuar para informar y enseñar el Islâm original (el de en vida del Profeta) y distinguirlo del islam tradicionalista (posterior a la muerte del Profeta) tramado, constituido e instituido por las circunstancias político-teológicas, sociológicas e históricas, mezcladas con el Mensaje original del Islâm (Saber, Fe, Caridad, Tolerancia y Pacificación).
El Islâm original es la Religión de Dios, está enunciado en el Qorán. El tradicionalismo ideológico, en sí, es consecuente con la historia de los musulmanes después del Profeta, por lo tanto, no puede ser considerado como parte del canon de la Religión. En las graves y alarmantes circunstancias que atraviesa nuestra sociedad moderna, me permito pensar que es deber de cada uno animar, sostener y defender los trabajos y obras científicos relativos al Islâm original. De hecho, a través de ellos, éste es más capaz de contrarrestar, neutralizar y aniquilar de manera eficaz y sostenible el ultratradicionalismo ideológico, vehículo de tantas fechorías y desgracias. Los vanidosos son bulliciosos; lo cual no impide que cuando te expones científicamente, de manera experta y con maestría sobre un tema, ellos quedan desconcertados y no tienen mayor réplica que su insuficiencia.
* * *
Refiramos, por tanto, al Libro de Dios, para todos los musulmanes. Es un verso imprescindible, que se debe absolutamente tener en cuenta para una mejor aproximación al Qorán: “Él Es Aquel Que ha hecho Descender sobre ti el escrito, cuyos signos (versos) Concedidos (decisivos), son la madre del escrito, y otros plurívocos; entonces en cuanto a estos que en sus corazones tienen una desviación, entonces siguen lo que es equivocado de él, postulando la subversión y postulando su prima explicación; y nadie Sabe su prima explicación sino Dios y los iniciados que al saberla dicen: ‘Nosotros hemos asegurado (creído) por él, todo es de Nuestro Maestro’; y no se recuerdan sino los primados de las quintaesencias 7[68].
Este verso, lejos de ser trivial, es claro y preciso, especialmente para el sabio que estudia el conjunto del corpus. Llama la atención por dos niveles de análisis, tan importantes el uno como el otro, frástico y transfrástico, del Qorán. El primero concierne a la sustancia misma del Libro, inmutable y atemporal; está en la base del Mensaje original del Islâm. El segundo concierne a su forma de aplicación, que puede implicar múltiples significados, circunstanciales según la época, el lugar, la causa y el propósito.
A menudo, nuestras certezas han de ser reexaminadas, reevaluadas, incluso reformadas, para encontrar el verdadero sentido de una Causa. Ejemplo, el Qorán menciona la ley del talión en referencia a los ancianos, constituidos en sociedades primitivas; no obstante, hace prevalecer la narrativa (capacidad de narrar y actuar en consecuencia) en los “premiados de las quintaesencias”. El nivel de conocimiento alcanzado en la sociedad moderna ya no nos permite actuar por instinto y espíritu de venganza, sino más bien por una prevención y justicia civilizadoras. “Y en la ley del narrativo tenéis vida, ¡Oh premiados de las quintaesencias! Quizás, así, temáis a Dios”[69]. Hasta que no liberes tu corazón de rabia y odio, no podrás llenarlo con el Amor de Dios y propagarlo en Su Creación.
Otro ejemplo, fuera del tradicionalismo ¿existe en el Qorán un enunciado que obligue a los musulmanes a sacrificar animales, sea cual sea la circunstancia? Evidentemente, no. La palabra “ofrenda”, hadyu en árabe, puede tomar varios significados, circunstanciales de época, de lugar, de causa y de finalidad. Este es el término empleado en el Qorán para el peregrinaje, mientras que la palabra “degollamiento” (dhabḥ) se emplea para el sacrificio de Abraham. La disimilitud es lingüísticamente significativa y lejos de ser fortuita. Entre degollar un animal y ofrecer un presente el matiz puede ser mayúsculo. En consecuencia a lo que acabo de exponer, ¿la masacre anual de millones de animales en Aïd/Tabaski es compatible, conciliable y coherente con el Islâm original? Esta es una cuestión fundamental que, cualquier persona temerosa de Dios y que cree en Él, tiene que meditar.
Como dato recordatorio, la tradición dice que el Profeta ha sacrificado, en su peregrinaje, bajo unas circunstancias muy precisas, por toda su comunidad. Su gesto equivale a todos los sacrificios de animales perpetuados durante todos los tiempos. Así, el día del Aïd, todos los musulmanes pueden ser absueltos con una ofrenda, “hadyu”, sea cual sea su naturaleza; sin recurrir obligatoriamente a una degollación: “Dios no presta atención a sus carnes ni a sus sangres, sino a vuestro temor de Él. Así os los ha Sujetado a vuestro servicio, para que ensalcéis a Dios por haberos Dirigido. ¡Y anuncia la buena nueva a quienes hacen el bien!”[70].
“No hay criatura (animado) que camine en la tierra o un pájaro (volátil) que vuele con sus dos alas que no forme una nación igual que vosotros”[71]. El verdadero Musulmán no puede desconsiderar, maltratar, degradar o debilitar a cualquier animal o matarlo sin razón válida, aún menos por placer. Incluso para alimentarse, no puede matar a un animal banalmente, debe considerar su acto en Nombre de Dios como una operación sacrificial; es decir, excepcional y temiendo a Dios, El Vivificador de aliento de toda vida.
“Dios hizo Descender el enunciado de mayor excelencia, un escrito plurívoco desdoblado, que estremece la piel de quienes temen a Su Maestro, distendiendo después sus pieles y sus corazones hacia el Recuerdo de Dios; esta es la Guía de Dios, Él Guía por él a quien Él Escoge; y quien Dios Extravía, entonces no hay guía para él 23[72].
El Islâm predica el equilibrio y la moderación en todo y para todo, lejos del extremismo y de los extremos. En el caso de las vestiduras por ejemplo, el Corán resume : “(…) Y la vestidura del temor de Dios, ésa es mejor. Ése es uno de los Signos de Dios. ¡Quizás, así, se dejen amonestar!”[73]. Cubrirse la cabeza, llevar barba, el qamis/daffah, el bubu o la chilaba, el velo, la nicab, el burka o el chador; todo resulta del tradicionalismo y no tiene nada que ver con el Islâm original en lo que a religión se refiere. Por el contrario, todas estas manifestaciones perjudican actualmente la imagen del Islâm y de los musulmanes, sobre todo en los países no musulmanes; son sinónimo de oscurantismo, sectarismo, provocación y agresión. Para el Musulmán sabio, responsable y consciente del verdadero Islâm, es insostenible verlo tan desnaturalizado y reducido a esas ostentaciones. El Islâm de las luces, en el origen de la eclosión de las ciencias modernas, se ha visto tergiversado por el tradicionalismo ideológico, convirtiéndolo en religión ritualista, reaccionaria y retrógrada. Los musulmanes deben interesarse por el Islâm original, el Islâm de la ciencia y el progreso; también deben preservarse y preservar su religión de cualquier prejuicio dañoso.
El culto a Dios no se materializa por atuendos ostentosos ni por un ritualismo mágico; aún menos por expresiones ilusorias, palabras sin conocimiento y sacrificios ridículos. Se cristaliza en la decisión justa seguida de la acción apropiada. Adorar y servir a Dios es amar y servir a Su Creación; es reflexionar y reaccionar correctamente, es ser útil y no fútil. Ser Musulmán, creyente y practicante, es ser sabio, pacífico y pacificador, seguro, asegurador y tranquilizador, bueno, benevolente y bienhechor; es vivir y morir en paz.
“Y así como Nosotros os hemos Formado nación media para que seáis testimonios sobre las gentes, y que el enviado sea testimonio sobre vosotros (…)”[74] ; “Y esforzaos en Dios en Su Verdadero Esfuerzo, Él os ha Recogido, y Él no ha formado sobre vosotros en la deuda (religión) de vergüenza; la inclinación de vuestro padre Abraham, él os ha nombrado “los pacificados (musulmanes)” anteriormente; y en esto, para que el enviado sea testimonio sobre vosotros y que vosotros seáis testimonio sobre las gentes (…)”[75] ; “(…) Dios Quiere para vosotros la facilidad y no quiere para vosotros la dificultad (…)”[76].
El Musulmán es aquel que tiene un pacto con Dios, para creer en Él, para adorarlo mediante el Islâm, quien eleva su alma, con toda pureza, para actuar con bondad, para practicar la caridad, para aconsejar lo conveniente y para reprobar lo condenable, para llamar a los hombres hacia Dios, hacia el humanismo, hacia la reforma y la equidad. Existe un beneficio en este mundo y lo mejor cerca de Dios. Realmente, la mejor provisión es la piedad. Aquel que se levanta con Dios, que bebe y come con Dios, que trabaja y descansa con Dios, que duerme y sueña con Dios, que piensa, que habla y que actúa con Dios, que es pobre y que es rico con Dios, que tiene buena salud y que está enfermo con Dios, que es joven y viejo con Dios, que vive y que muere con Dios en los labios y en el corazón; aquel tiene este mundo y el más allá, se levanta, bebe y come, trabaja y descansa, duerme y sueña, piensa, habla y actúa, vive y muere en paz. En paz consigo mismo, con los hombres, con los seres y las cosas, y, por lo tanto, en paz con Dios, El Supremamente-Bueno. Esos son los justos.
Los musulmanes deben regresar al Mensaje original del Islâm, el de ayer, de hoy y de mañana. Deben reconstruirse en una comunidad del justo término medio, la comunidad de “Iqra, de “Liga y Lee” por el Conocimiento de Dios.
Deben primero salir del entumecimiento y del miedo que les abruman, y denunciar vigorosamente todo aquello y a todos aquellos que mediante el odio y la violencia deforman su religión. Es responsabilidad suya despertar y restaurar el Islâm original a los ojos del mundo; el Islâm de las luces, de la ciencia y del progreso, el de la paz, de la libertad de conciencia y de la tolerancia : la fe en Dios es inseparable de la buena y bella obra, simultáneamente, la una con la otra. Hay que saber amar al prójimo, ser bueno con los vecinos, alimentar a los que tienen hambre, recoger a los huérfanos; eso es lo que está bien, que es justo y no es en vano.
“Erais mejor nación, Salida para las gentes: ordenáis por lo adecuado y reprimís lo irreconocible y aseguráis (creéis) a través de Dios. Y si los familiares del escrito hubieran asegurado (creído), sin duda esto habría sido mejor para ellos; de ellos, los asegurados[77] (los creyentes), y la mayoría de ellos, los perversos 110[78] ; “¡Y la época! 1 Ciertamente el hombre está seguro en perdición 2 Salvo quienes han asegurado (creído) y obrado las reformas, y son recomendados por El Verdadero y son recomendados por la paciencia 3[79].
* * *
El hombre, con todo su conocimiento, experimenta la necesidad de alimentar su alma, su búsqueda espiritual exige respuestas. Pero la ola de sectas de inspiración judeocristiana o en el Lejano oriente, derivadas del budismo o del hinduismo, ha declinado. Se ha intentado espiritualizar el materialismo y a la inversa, pero el resultado no ha tenido éxito. Este será también el caso del sectarismo doctrinal de los musulmanes desviados. Por contra, el Islâm, con su mensaje originario, y original, hará al hombre redescubrir su humanidad y su razón de ser; tal es su vocación universal. “(…) y aquel que se cuida de Dios, Él Forma para él una salida 2 Y Él le Atribuye de lo que no se calcula, y aquel que se encomienda a Dios, entonces Él Es Su Calculador; en verdad Dios hace Llegar Su Orden; ya Dios ha Formado para toda cosa una medida 3[80].

 

El Sol sale por el Oeste (9ª edición – 2018), SCDOFG

 

[1] Capítulo 42, verso 52.

[2] Capítulo 29, verso 48.

[3] Capítulo 93, versos 4-11.

[4] Capítulo 33, verso 40.

[5] Capítulo 5, verso 3.

[6] Capítulo 3, verso 19.

[7] Capítulo 112, versos 1-4.

[8] Capítulo 5, verso 3.

[9] Capítulo 24, verso 35.

[10] Capítulo 39, verso 41.

[11] Capítulo 30, verso 30.

[12] Capítulo 96, versos 1-5.

[13] Capítulo 2, verso 31.

[14] Capítulo 16, verso 27.

[15] Capítulo 30, verso 56.

[16] Capítulo 7, verso 176.

[17] Capítulo 59, verso 21.

[18] Capítulo 10, verso 24.

[19] Capítulo 2, verso 219.

[20] Capítulo 3, verso 191.

[21] Capítulo 10, verso 5.

[22] Capítulo 30, verso 22.

[23] Capítulo 29, verso 43.

[24] Capítulo 35, verso 28.

[25] Capítulo 29, verso 49.

[26] Capítulo 58, verso 11.

[27] Capítulo 30, verso 56.

[28] Capítulo 22, verso 54.

[29] Capítulo 17, verso 89.

[30] Capítulo 59, verso 21.

[31] Capítulo 26, versos 23-24.

[32] Capítulo 37, versos 4-5.

[33] Capítulo 16, versos 49-50.

[34] Capítulo 15, verso 9.

[35] Capítulo 56, versos 77-80.

[36] Capítulo 85, versos 21-22.

[37] Capítulo 30, verso 41.

[38] Capítulo 4, versos 26-28.

[39] Capítulo 61, verso 9.

[40] Al-dajjâl (الدجال): el anticristo.

[41] Cabe recordar aquí que el término "jihâd" (جهاد) significa "esfuerzo": pensar y/o actuar con esfuerzo ; esta primera acepción puede incluir circunstancialmente la lucha armada. Ésta (lucha armada) se relaciona más bien, en lengua árabe, con el término "qitâl".

[42] Capítulo 5, verso 77.

[43] Capítulo 2, verso 30.

[44] Biblia, Génesis, 3: 6.

[45] Capítulo 20, verso 44.

[46] Capítulo 7, verso 12 y capítulo 38, verso 76.

[47] Calendario, que comienza el 1 de muḥarram (el 15 o 16 de julio de 622), a partir de la emigración (al-hijrah) del Profeta, de Mecca a Medina.

[48] Capítulo 97.

[49] Capítulo 2, verso 85.

[50] Primera discordia y guerra civil entre musulmanes.

[51] La palabra salaf significa "precedente" y se refiere por extensión a los doctores musulmanes de los primeros siglos.

[52] La palabra ḥadîz significa "enunciado" y se refiere por extensión a lo que el Profeta hubiera dicho. Muy numerosos, los hadices llenan varios volúmenes.

[53] La palabra sunna, o sirah, significa "modo", "conducta", y se refiere por extensión a la tradición : cuanto se ha recogido de la conducta, de los hechos y de los gestos del Profeta.

[54] Al-muḥaddithûn, especialistas en los dichos atribuidos al Profeta.

[55] Aproximadamente un máximo de 700 proposiciones.

[56] Posteriores al 680.

[57] Capítulo 16, verso 90.

[58] Capítulo 3, verso 105.

[59] Capítulo 30, versos 31-32.

[60] Capítulo 22, verso 8.

[61] Los cuatro primeros califas que se sucedieron después de la muerte del Profeta.

[62] Capítulo 3, verso 191.

[63] Capítulo 53, versos 3-4.

[64] En la mayoría de casos, esta orden va dirigida al Profeta.

[65] Capítulo 45, verso 6.

[66] Cuando un ḥadîz, una sunnah o sîrah se demuestran científicamente, deben ser considerados circunstancialmente.

[67] Catorce veces en singular y dos veces en plural.

[68] Capítulo 3, verso 7.

[69] Capítulo 2, verso 179.

[70] Capítulo 22, verso 37.

[71] Capítulo 6, verso 38.

[72] Capítulo 39, verso 23.

[73] Capítulo 7, verso 26.

[74] Capítulo 2, verso 143.

[75] Capítulo 22, verso 78.

[76] Capítulo 2, verso 185.

[77] En lengua árabe, las palabras "seguridad", "fe" y "creencia" (îmân, إیمان) comparten la misma raíz (A-M-N, أ م ن): seguridad, garantía. En el lenguaje qoránico, la fe se adquiere a través del conocimiento, asegurándose y garantizando; es mucho más que una creencia vaga y relativa. Dios Es Evidente, racionalmente, no se puede sino testimoniarlo; y el testimonio debe hacerse con conocimiento de causa, en toda ciencia y conciencia. El creyente, que traduzco por "asegurado", se asegura y recibe seguridad, al instruirse sobre el Hecho de Dios; así es como llega estar seguro y ser asegurado (mu’min, مؤمن).

[78] Capítulo 3, verso 110.

[79] Capítulo 103, versos 1-3.

[80] Capítulo 65, versos 2-3.

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